La bruja que robaba atardeceres
En el pueblo de Rocaverde , los atardeceres eran tan hermosos que la gente salía cada tarde a ver cómo el cielo se encendía en naranjas y violetas. Pero un día, sin explicación, el sol empezó a esconderse sin colores. El cielo se volvía gris, apagado, como si alguien hubiera borrado la luz con una mano fría. La culpable era Bruma , una bruja joven que vivía en una cabaña hecha de raíces y espejos. Bruma tenía un don extraño: podía guardar emociones dentro de frascos . Y los atardeceres, para ella, eran emociones puras: nostalgia, esperanza, calma. Así que comenzó a robarlos, uno por uno, para llenar su colección. Cada frasco brillaba con un color distinto. Cada color era un recuerdo que no le pertenecía. Pero una noche, mientras Bruma atrapaba el último rastro de luz, escuchó pasos. Era Lía , una niña del pueblo que había seguido el rastro de magia. Lía no tenía miedo; tenía curiosidad. —¿Por qué te llevas los colores? —preguntó, mirando los frascos que latían como corazones. Bru...